Bajo las tinieblas que me cubren
sucumbo a la vida.
Desdichas de una mano infame
que me arrastra al olvido.
Quiero entrar por ese hueco,
por esa rendija inexplorada
del que son eco mis frases.
Tú que estas ahí, frente a mí,
impávida y cubierta de escarcha
con voz leve y angelical:
-deja de arrastrarme al vacío.
Un susurro se hace notar.
El aire, pesado, se condensa en las paredes.
Quiero escapar, huir; pero no puedo
la oscuridad me ha cegado.
“Sensaciones vividas este verano en la
gruta
del Monasterio de Piedra”