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Fronteras de Papel revista de viajes |
Editorial
Ciber-Secuestro
Cuando el equipo que formamos
Fronteras de Papel nos decidimos por este nombre para iniciar el proyecto de una revista digital de viajes, teníamos muy claro el doble sentido de estas palabras. Fueron muchos los que coincidieron con nosotros y entendieron ese juego de palabras en las que mezclábamos el “papel” con el mundo digital y el término “fronteras” lo ubicábamos en el espacio cibernético en el que, salvo deshonrosas excepciones en países con regímenes dictatoriales, las fronteras no existen.La red de redes, esa entelequia que conocemos como Internet ha permitido, desde su desubicación de lo estrictamente militar -ya que como fuente comunicación militar fue creada y desarrollada-, que la libertad de opinión y de expresión volase saltando fronteras y convirtiendo éstas en obstáculos de papel. Como teoría y generalizada práctica eso es tan cierto hoy como lo creíamos hace dos años cuando nuestro primer número salió de viaje por la red y llegó a lugares en los que ni siquiera sospechábamos que alguien pudiese estar interesado en este mundo de los viajes y el turismo. La lista de visitantes que tenemos de países lejanos, y que no tienen el castellano como lengua vehicular, es tan extensa como tediosa de transcribir. Nuestra sorpresa cada vez que revisábamos las entradas que recibía nuestra (vuestra) revista era mayúscula. Baste decir que la primera entrada que tuvimos desde China la celebramos con el regocijo que parece reservado a los padres primerizos, lo mismo ocurrió cuando tuvimos el primer lector en Irán. No nos pareció descabellada nuestra alegría, a fin de cuentas nuestra hija había saltado océanos, cruzado fronteras y se acomodaba en países que restringen la libertad hasta límites inconcebibles para quienes vivimos en democracias garantizadas por constituciones aprobadas por el pueblo soberano.
Pero Internet también ha resultado ser, además de un vehículo para propagar las ideas propias y encontrar eco en mentes afines, un reducto desde el que la delincuencia internacional medra sin temor a las leyes que cada frontera real fija. La frontera digital es tenue, los delincuentes se agazapan en sofisticadas redes desde las que expanden ideas xenófobas, prácticas sexuales detestables, complots terroristas y un largo etcétera de canallismo variopinto y deleznable. Muchos son los países que luchan contra esas redes de delincuencia internacional dentro de sus propias fronteras. Se han creado grupos policiales altamente especializados para combatir esas nuevas lacras sociales que ha traído la libertad digital. Con frecuencia sabemos de los éxitos de la ciber-policía al desarticular una red pedófila, desenmascarar un grupo de estafadores, o desentrañar el alma de una célula terrorista ubicada en el limbo de Internet.
Lo que no sospechábamos es que en un mundo en el que todo es virtual, desde las relaciones sexuales vía chat, a los viajes extraplanetarios mediante Google Earth, también existen los ciber-secuestros. Lógico, si todo es ciber y ese mundo cibernético es una copia del mundo físico, no deja de ser normal, aunque reprobable, que la copia sea tan aviesa como el original.
En Fronteras de Papel hemos vivido en primera mano las vicisitudes de un secuestro. Se nos ha reclamado un ciber-rescate, se nos ha amenazado de ciber-muerte. Hemos buscado el apoyo de ciber-autoridades internacionales de las que hemos obtenido ciber-silencio. Hemos pagado un rescate, no ciber, si no contante y sonante, eso sí, mediante una ciber transferencia bancaria a una ciber-empresa manejada por ciber-profesionales de la mala fe y, como suele ocurrir en los secuestros del mundo físico, no obtuvimos la libertad del rehén, que fue ciber-asesinado y ciber-enterrado en algún lugar inaccesible de la red de redes.
Hemos pasado dos años dedicando día a día nuestras ilusiones, esfuerzo y dinero a crear y hacer crecer una revista virtual que remataba su nombre de Fronteras de Papel con un contundente .com que debía darle la fuerza y las alas para salir al ciberespacio y hacerse con su lugar, no bajo el sol, pero sí entre la maraña de datos que saltando continentes llegan a cualquier lugar del planeta. Fronteras de Papel se iba haciendo con su pequeño espacio, crecía día a día y nos hacía sentir orgullosos de aquello que nos habíamos sacado de la manga una fría noche de invierno frente a una estufa que se negaba a calentar el aire que la rodeaba. Poco imaginábamos aquella noche que el contundente apellido .com que le daba el ciber-pasaporte a la revista, sería secuestrado por la empresa con la que contratamos el registro del dominio.
Cuando decidimos cambiar de empresa de alojamiento debido a las continuas caídas de red y la ausencia de asistencia técnica por parte de los supuestos profesionales que gestionan esa empresa, no nos pasó por la cabeza que esos ciber-delincuentes hubiesen bloqueado el acceso a nuestro dominio .com con una clave de acceso de administrador que sólo era conocida por ellos. Cuando reclamamos la liberación del dominio, nos respondieron que eso era posible pagando una módica cantidad. Es cierto, la cantidad era tan módica que daba risa imaginar qué clase de personajes debía haber tras la fachada empresarial perdiendo el tiempo por una cantidad tan ridícula como 4,64 € (IVA incluido). Lo de incluir el IVA en una operación del todo fraudulenta raya en lo kafkaiano si no entra de lleno en el término. Por una cuestión moral y de principios exigimos, sin éxito, que las citadas claves de acceso fuesen liberadas sin mediar pago alguno. Obtuvimos el silencio por respuesta. Reclamamos a la compañía norteamericana que suministra los servicios a esa empresa ubicada en Madrid la liberación de acceso a un dominio que está registrado a nuestro nombre y pagado mediante transferencia desde nuestra cuenta corriente. También en esta ocasión sólo tuvimos silencio. Finalmente optamos, muy a nuestro pesar, por pagar el rescate. Tras ello, una vez más sólo conseguimos el silencio. www.fronterasdepapel.com había sido ciber-asesinada y lo que es peor, el vacío legal imperante en el ciber-espacio nos dejaba atados de pies y manos y con escasas posibilidades de ciber-resucitarla.
No consolaba que esa empresa fuese protagonista en muchos foros por sus reiteradas malas prácticas empresariales. El refranero, nuestro libro de cabecera, nos dice que “Mal de muchos, consuelo de tontos”. En Fronteras de Papel no somos muchos, tontos no sé si lo somos, a primera vista debemos serlo bastante, ya que confiamos en una empresa que no debe merecer el respeto de delincuentes más avezados ni de policías especializadas. Seamos prácticos, ¿Quién puede darse el lujo de mantener la mirada atenta en los manejos de un miserable carterista cuando le rodean pedófilos y terroristas?
Salimos a la red con la ilusión de hacer viajar a nuestros lectores desde el ordenador. Durante dos años, gracias a Fronteras de Papel hemos hecho amigos en muchos lugares de ese cada vez más pequeño planeta. Al fin acabamos por tomar el secuestro del pasaporte .com tal como haría un viajero al que le roban la documentación en una estación ferroviaria cualquiera. En este caso hay que dirigirse a las autoridades y denunciarlo, a continuación buscar la embajada más cercana y hacerse con un nuevo pasaporte. Eso sería en el mundo físico. En el ciber-mundo la cosa es muy parecida. Conseguimos un nuevo pasaporte, (.net) con el que mantenernos viajando en la red hasta que lográsemos recuperar el, aparentemente difunto .com Era casi como si empezásemos desde cero, mirando por el rabillo del ojo al añorado .com, con decenas de referencias en Google que de pronto daban “no found” al clickarlas al recién estrenado .net sin curriculum significativo que lo situase en las primeras páginas de los buscadores.
Al fin, tras dos meses de desgaste y gracias a la inestimable colaboración y profesionalidad de nuestra nueva empresa de alojamiento (Hostsuar) hemos logrado recuperar el “pasaporte” con el que salimos a la red. El .com ya está de nuevo entre nosotros, algo maltrecho, todo hay que decirlo, pero preparado para recuperar el espacio y el tiempo perdido. En las últimas semanas nos hemos hecho más viejos y también más sabios, o menos tontos. No podemos decir (ojalá) que lo que ha ocurrido no volverá a pasar, qué más quisiéramos. Pero, al igual que al viajero que le roban la documentación en una estación ferroviaria cualquiera, ahora llevamos nuestro equipaje y, sobre todo, nuestro pasaporte, atado con una cadena y no le perdemos de vista ni un segundo. Ahora ya estamos sobre aviso. Sabemos que en el ciber-espacio hay de todo, como en botica, y uno lo mismo puede tropezar con mil amigos que con un sinvergüenza.
Celebramos haber recuperado nuestro añorado .com y confiamos que una vez recuperada la vieja terminación con ella seguiremos creciendo. También nos despedimos de los desnutridos intelectuales que aprovechan los vacíos legales de la red para malamente sobrevivir a fuerza de prácticas tan ruines como secuestrar dominios por tan magros beneficios económicos. Nosotros lucharemos por seguir creciendo día a día y con vuestro apoyo seguir mereciendo entrar en vuestras casas para salir juntos de viaje. A ellos sólo les cabe la esperanza de continuar esa desesperanzadora vida de delincuente del tres al cuarto, ya que, en su infinita ignorancia saben que si expanden su negocio y aspiran a dejar de ser mileuristas del hampa, los ojos de las autoridades les localizarán y pasarán a ser delincuentes hechos y derechos, dignos de la atención de la justicia.