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Postales desde Leeds
Reportaje de FronterasdePapel.com

 

Leeds es ecléctica. La verdad es que cuando llegamos esperábamos encontrar una ciudad provinciana, aburrida y somnolienta; una de esas ciudades que han quedado a medio camino de ninguna parte. La realidad ha sido tan diferente que nos ha sorprendido ver tan pocos turistas paseando por sus calles. Edificios Eduardianos o Victorianos convertidos en Galerías Comerciales en el centro histórico de la ciudad compiten por el protagonismo del skyline con los modernos apartamentos que se asoman al río Aire. Y entre unos y otros unas distancias fácilmente abarcables a pie. Al principio nos sorprendía el escaso tráfico rodado, pero después de una horas callejeando nos ha entusiasmado el tamaño manejable de Leeds y la convicción que sus habitantes tienen de que en su ciudad todo está al alcance de la mano y el coche no es más que un incómodo alborotador para su tranquilo ritmo de vida.

 

Hay que andarse con tiento a la hora de iniciar el protocolo obligado en esta ciudad: el shopping. Imprescindible esconder la visa en el rincón más profundo de la bolsa, no sea que la oferta comercial nos acabe desgastando la banda magnética y, también, calzarse unos zapatos adecuados para correr una maratón. Uno no se da cuenta de los kilómetros recorridos por el interior de las galerías comerciales que puntean las dos principales calles de Leeds (Briggate y Headrow), hasta que los pies se ponen a protestar y la tarjeta de crédito echa humo. Tiendas para todos los gustos y presupuestos, galerías con ropa de marca o rebajas traicioneras que nos han llenado las manos de bolsas, y obligado a entrar en la web de Jet2.com para facturar una maleta más de las previstas. Afortunadamente no había demasiadas tiendas de electrónica, de lo contrario no quiero ni imaginar qué hubiese pasado!!

 

Alguien nos había asegurado que en Gran Bretaña, aparte de la marcha londinense, poco podía esperarse en cuanto a ambiente nocturno, copas y restauración. Ese alguien se va a enterar de lo que es marcha en cuanto se deje caer por Leeds. La noche en esta ciudad empieza cuando aún es de día. Los pubs históricos, alguno abierto desde el año 1715 como el Whitelocks. Abren las puertas a medio día, y apenas han colgado el cartel “open” que ya se acodan en la barra una docena de sedientos parroquianos. La sed de la clientela se junta con el hambre y es imposible bajar la segunda pinta de cerveza sin pedir una mesa para engullir un pastel de carne. Cuando la noche de verdad llega, un desfile de jóvenes, y no tan jóvenes, salen a la calle a la búsqueda de sus bares musicales o discotecas preferidas. Esto, sumado a la reciente prohibición de fumar en el interior de los locales públicos, convierte las aceras en punto de encuentro de los supuestamente aburridos británicos, que alternan el cigarrillo y la tertulia callejera con la música que retumba en el interior. Por cierto, lo último en esta ciudad es ir de cena a un disco-restaurante, como el  Room Restaurant, que va mutando de ambiente a medida que la noche avanza y los comensales cambian las tranquilas mesas de la zona del restaurante por el bamboleo en la barra.

 

En esta ciudad es imposible perderse, tanto es así que no hay forma de encontrar un mapa detallado del centro. Claro que siempre hay excepciones. Sin apenas darnos cuenta nos hemos perdido en un curioso museo de armas, el Royal Armouries. Colgado sobre el río Aire, en un edificio acristalado de diseño, este museo trepa a lo largo de cuatro plantas para invitarnos a hacer un recorrido por la historia de las armas. Hemos concluido que las armaduras de la Edad Media debían ser muy complicadas de mantener libres de óxido, y que los aparatosos cañones, que hasta el siglo pasado utilizaban en los pantanos de Yorkshire para cazar patos, podían haber quedado perfectos en un acorazado. Sin darnos cuenta, y mientras saltábamos de las reproducciones a escala de un elefante de safari por la India a las armaduras samuráis del siglo X, que hacían compañía a los guerreros mogoles de Gengis Khan montados a caballo, el tiempo ha ido pasando y con estupor hemos descubierto que el museo había cerrado sus puertas. Afortunadamente los vigilantes de seguridad ni iban armados ni tenían las malas pulgas de los viejos guerreros. Nos han acompañado tranquilamente hasta la puerta y, de paso, nos han indicado la dirección de un pub que más bien parecía un museo de la cerveza, tantos eran los grifos y variedades que se podían escoger. 

 

Con tanta compulsión por la compra como tiene esta ciudad, no nos ha sorprendido nada enterarnos de que en el corazón del Centro Histórico se esconde el mercado cubierto mayor de Europa. El Kirkgate Market, con nada menos que con 40.000 puestos de venta, no sólo es la meca de la alimentación. Después de una hora vagando por sus pasillos y tiendecitas no nos ha extrañado nada lo que los habitantes de Leeds dicen sobre su mercado más antiguo: “si no lo encuentras en Kirkgate Market, es que no existe”. Entre los eduardianos muros de este mercado inició su singladura el hoy propietario de uno de los mayores emporios comerciales del mundo: Marks & Spencer, concretamente lo hizo vendiendo ropa en un minúsculo puesto bajo el reloj de hierro forjado que se levanta en el centro del mercado. Una curiosidad más en esta curiosa ciudad. 

 

Leeds, a pesar de todo, es tan sólo el punto de partida para explorar una región rica en paisajes e historia. A pocos kilómetros de distancia se encuentra el castillo de Harewood, uno de los lugares favoritos de los habitantes de Leeds para perderse el domingo entre praderas de césped y bosques centenarios. No hay demasiada gente que visite el interesante castillo, propiedad, según dicen, de un primo de la reina Isabel, que sigue ocupando una buena parte del edificio. En realidad la gente prefiere perderse en los jardines, en el extenso aviario, en los senderos que bordean el pequeño lago entre colinas o dormitar, después de un pick-nick campestre, a la sombra de los árboles que salpican un sin fín de hectáreas de praderas.

A pocos kilómetros hacia el este de Leeds aguarda la costa de Yorkshire, y algunos de los pueblos pesqueros más románticos de Gran Bretaña, en el norte "El Jardín de Inglaterra", y plagados por toda la región villas, ciudades y castillos que esperan ser descubiertos. Leeds es la puerta de entrada a una región desconocida del Reino Unido, explorarla sólo es cuestión de ganas de descubrir un país diferente que atesora muchas más cosas y realidades de las que uno puede imaginar si cree que Gran Bretaña empieza y termina en Londres.

 

 

fronterasdepapel@gmail.com